Volví. Después de un largo tiempo. Y no es que estuve oprimido o arrastrando alguna cadena ominosa, es que el último ciclo académico en la universidad prácticamente me tuvo inexistente para todos los pocos (poquísimos) lectores de este humilde espacio. Pero, para mi alivio (aunque estoy un poco nostálgico), este pesado ciclo ya acabó, con todas sus tareas y trabajos que me tuvieron sin mucho tiempo para otras cosas, como las que nos gusta a todo joven. Y ustedes dirán ¿por qué se siente tan nostálgico nuestro amigo si ya terminó su ciclo? Debería estar feliz. Y lo estoy, más que feliz estoy contento, y mucho más ahora que revisé mis notas y ver que estoy aprobado en todos los cursos, motivo para celebrar porque había un par de ellos que me tenían preocupado. Pero igual me siento un poquito triste. Este ha sido el mejor ciclo que he tenido, el mejor que he llevado desde que ingresé a la "respetuosa, democrática, tolerante y civilizada" (?) Universidad de San Martín de Porres. Por varios motivos. En este ciclo viví muchas cosas, cosas que - siendo sincero - no pensé vivir. Me sentí que por primera vez tenía una vida social activa en el claustro donde me desempeño académicamente. Y esto es lo más importante a resaltar. Porque como ustedes pueden imaginarse, participaciones de otra clase en esa universidad no están patrocinadas, me refiero a la verdadera participación, a hechos que reivindiquen el verdadero concepto de la palabra que está muy vinculada con la democracia. Pero, por supuesto, en la práctica esta no existe en esta escuela, ya que a los alumnos no se les permite organizarse libremente ni tener una participación activa en las decisiones de importancia, ni mucho menos tener una participación política, como correctamente debería ser por ser la universidad un centro de encuentro de diferentes personas en todo orden y sentido, diferentes en su estilo de vida, en su personalidad, en su condición social, económica, cultural; y en sus ideologías y formas de ver la vida. Además que siempre se ha dicho que la universidad cumple con todas las normas democráticas y es el mejor ejemplo de ella, con una ignorancia total de la realidad. Esta frase, ya perteneciente al diccionario de la Real Academia de los Cliché, debería cumplirse, porque como bien lo describe la misma, los centros universitarios son los formadores de los futuros profesionales que le van a aportar al país su conocimiento y esfuerzo, por lo tanto, estos tienen que dar el ejemplo de ser los más democráticos y tolerantes dentro de un sistema - como ya es sabido - caduco y donde la corrupción y los intereses particulares e individuales siempre terminan imponiéndose sobre los colectivos y sociales, desvirtuando de esta manera los elementales principios democráticos. Será tema de entradas posteriores las "joyitas" de la Universidad de San Martín de Porres que avalan estas afirmaciones.
Ahora vayamos al punto principal de este post, al clímax, a mi principal razón de expresión que paso a escribir en estos momentos y que he considerado digno de publicarse en este blog. Como decía, lo más resaltante en este ciclo fueron - por decirlo de alguna manera - las sorpresas que me llevé en él. Las cosas que viví, lo nuevo que aprendí y las personas que conocí. Fue el ciclo más emocionante, excitante y adrenalínico desde que soy universitario. Para empezar, a la mayoría de compañeros que tuve este ciclo no los conocía, nunca los había visto en mi vida. Era un porcentaje mayor a la mitad del aula. Al otro porcentaje del salón ya los conocía del ciclo anterior y de otros ciclos, incluso me sorprendí de encontrarme una vez más con personas que pensé se habían retirado y que volví a ver esta etapa, que había conocido incluso desde mis primeras épocas en la universidad cuando estaba en el turno de la tarde. Y como también se deben estar imaginando en estos momentos, fue difícil empezar a relacionarse con gente que no conoces y mucho más si es que con esas personas ibas a desempeñarte, compartir y trabajar durante cuatro meses (el tiempo que dura el ciclo). Así que, como también deben saber, formar grupos de trabajo para las distintas tareas y misiones que nos encomendaban los profesores, fue igual o más difícil. Pero tuve la suerte de encontrar personas que ante todo - cosa que me sorprendió - demostraban ser profesionales para trabajar con gente que ellos tampoco conocían. Definitivamente esto ayudó también - al menos yo lo veo así -, ya que todos estábamos en la misma situación. Y así en la mayoría de grupos que formé (específicamente en dos de ellos) no conocía a nadie, salvo a una persona por grupo. Y quiero referirme a uno de estos. Al grupo que tuvimos la oportunidad de formar para el curso de Producción y realización de televisión 1, materia que previo al inicio del ciclo esperaba con ansias, ya que en la asignatura anterior en la disciplina que venía antes presentamos un mal trabajo final y me había quedado con esa espinita, además que a los cursos que están relacionados con mi rama (periodismo) les tomo mayor interés. Y justo la mayoría de cosas que viví y aprendí en este periodo ocurrieron en y con los integrantes de este grupo. Ahora se enterarán por qué. El dream team estaba conformado, desde el arco hasta la delantera, por: Miriam Elena Acosta, una de las primeras de la clase, mujer trabajadora, cualidad que la hace muy madura e independiente, con una personalidad atrapante, inquietante, hipnotizante por su trato y la amabilidad que expresa; Fiorela Arias, conversadora hasta más no poder, con la facultad de sacar mil y un anécdotas de algún pequeño (o estúpido) comentario lanzado por uno de nosotros, pero agradable con todos; YO (ya me conocen), un "pata" callado, que decidió mantener un perfil bajo en el tiempo que durara el ciclo (con esto quizá puedan entender, en parte, ciertas actitudes mías; aunque este espacio de descripción personal sería llenado mejor por los mismos integrantes del grupo mencionado); Pilar Delgado, la única que conocía desde antes en el grupo y a la que debo agradecer que haya formado parte de él, una chica sensible, llena de ganas de hacer las cosas, a pesar que a veces no se organice bien; Jackie Ibarra, chica de pocas palabras también, que con confianza - como la que nació en el grupo - es capaz de soltarse y decir las mayores ocurrencias; Julissa Navarrete, chica de carácter especial, me sorprendía que no le guste la música romántica o que no tenga ese perfil (como ella decía "no soy cursi") como el común de chicas en nuestra facultad y que nunca cruce las piernas, pero igual muy ocurrente y creativa para lanzar bromas; Alejandro Rivera, "pata" con cara de niño (como yo), de caminar relajado y de mucha gracia; Fabián Valenzuela, el mayor de todos con pinta de intelectual, con la costumbre de creerse el bacán, el patán, y siempre hablando de más; y Eva Vergara, chica inocente, de buen corazón, amable y una de las más responsables del grupo. La historia que quiero contar empieza en la convivencia de este grupo, en todo lo que nació en él.
Este conjunto iba a mantenerse hasta fin de ciclo, así que teníamos que empezar una buena relación entre todos, con el fin principal de que los trabajos salgan bien porque todos teníamos un mismo objetivo: aprobar el curso. El profesor, Leonel Ojeda - tipo pequeño, idéntico al popular Señor Miyagi de la película Karate Kid -, nos mandó el primer trabajo más pronto de lo que esperábamos: un guión técnico. Teníamos que reunirnos obligatoriamente para entre todos dar ideas para desarrollar este guión. Así fue el comienzo de continuas reuniones y exquisitos momentos. Dentro de esta convivencia, estas nueve personas empezaron a conocerse, a descubrir cualidades y defectos en sus colegas, a empezar con los comentarios (quiérase o no, esto siempre pasa) con respecto a los otros. Yo, por mi parte, me mantenía en mi filosofía. Para mí era una oportunidad para conocer nuevas personas y... nuevas chicas. Obviamente que lo primero siempre iba a ser el desarrollo del curso y los trabajos encomendados, pero no podía con mi genio. Con ellas tenía la oportunidad de tener mejor llegada ya que no me conocían y no tenían ya almacenada una visión de mi persona. Iba a empezar de cero con ellas. Como soy un galán frustrado, sin muchos argumentos estéticos, tengo mis propias manías de "marcar mi territorio" con las mujeres. Como siempre, tenía una lista de prioridades ordenada según mis gustos visuales (y sexuales también). Y la primera en esa lista era Eva. Me pareció atractiva desde un primer momento. En ese pequeño cuerpo habían cositas interesantes. Así que cargué mis municiones en dirección hacia ella. Y así poco a poco la fui tratando, la fui conociendo. No sólo valoro el exterior de una mujer, es más, eso para mí queda en segundo plano, de que es lo primero que se aprecia en una chica y lo que hace que uno le ponga la puntería eso es cierto, pero también, y mucho más, valoro el interior de una mujer, que sea una buena persona, inteligente, que no esté llena de superficialidades, sin prejuicios, que trate a todos por igual y, principalmente, que tenga lo que busco en una mujer, en una compañera sentimental. Y así Eva poco a poco me fue encantando, conquistando (indirectamente, no porque lo haya hecho con esa intención), cautivando con su forma de ser, por la manera como me sentía con ella, por ser la primera chica que me trataba como ser humano y por la dulzura de su trato. Y así también poco a poco, dentro de mí, fue naciendo un sentimiento puro y limpio hacia ella, que el tiempo diría que fue un gran error. Una noche, saliendo de una práctica que habíamos dado en otro curso, ella y yo salimos juntos. Caminamos por la larga y transitada avenida que se convierte en un túnel previo a la facultad y hablamos. Le dije lo que sentía por ella, que era algo que ya no podía ocultar, que me quemaba por dentro. Primero me argumentó que no quería desviarse de sus estudios, que eso era su principal prioridad, para después decirme que sólo me ve como amigo, y después rematarme resfregándome en la cara que ya tenía enamorado. Sus palabras fueron frías y contundentes. Entonces - ¿qué creen? -, me puse bien mal, sentía que la tristeza me agobiaba. Recuerdo que esa noche no fui a dormir a mi casa. Para hacer más trágico el asunto, me fui en el mismo carro que ella. Nos sentamos juntos. Ahí le pedía explicaciones, le rogaba que me diera una mínima esperanza. Sus palabras eran cada vez más contundentes, y esta vez las acompañaba de una solemne seriedad. Me bajé casi inmediatamente después de ella, una cuadra más allá y estuve caminando sin rumbo. Llegué a parar a un parque, me senté en una de las bancas y fue donde me quebré. Las lágrimas inundaban mi rostro y ese pequeño espacio que ocupaba. Después me metí a un bar y estuve ahí hasta la mañana siguiente. Fue un golpe muy duro para mí.
Ahora que pasó la tormenta y pensando más calmadamente, quizá me apresuré, quizá confundí las cosas, quizá me emocioné demasiado. Los fantasmas de mi pasado triste volvieron a aparecer y tal vez me entusiasmé demasiado con esta chica. Puede ser que también me haya jugado una mala pasada el temor que siempre me acompaña: quedarme solo por siempre, y por eso, por los mínimos detalles que había mostrado conmigo, pensé que correspondería mis sentimientos.
Esta fue la primera experiencia contada en esta historia que viví en este imborrable ciclo. Me enamoré. Así de simple. Una vez más. Cuando pensé que nunca iba a volver a sentir eso y mucho menos por alguna chica de la universidad. Yo que decía que no eran chicas para mí, que no son de mi tipo por ser comúnmente triviales, vacías y vanas. Sin embargo, esta vez me olvidé de esto. La última vez que me había enamorado de una chica de la universidad fue el primer año, el primer ciclo, cuando recién ingresaba y era un cachimbo que no estaba acostumbrado a esa nueva vida. Después fui observando la realidad que, por cierto, no es del todo mala como quizá la esté haciendo parecer. Porque hay personas que valen la pena, que merecen mi respeto y, en el caso de esta nueva gente que conocí este ciclo y que formaron parte de mi mismo grupo, también diría lo mismo. Cada persona dentro de su yo, con sus virtudes y defectos, son especiales y únicas. La cosa es saber convivir con ellas. Y dentro de este grupo quiero destacar y agradecer infinitamente por su existencia y su presencia en aquellos momentos difíciles a una persona en especial. Sin exagerar, el ser humano más divino, más maravilloso, más extraordinario que he conocido sobre la faz de la Tierra. Sí, a ti, M.E.A., Miriam Elena Acosta. Gracias por escucharme, por estar conmigo. Gracias por ayudarme a olvidar. Gracias por crearme un nuevo mundo lleno de colores donde todo es dicha y alegría cuando estoy contigo, cuando hablo contigo. Gracias por la sublime sensación de inmovilidad de espacio y tiempo que percibo cuando estoy a tu lado. No sé qué será, pero es lo que siento por ti. ¿Acaso alguien sabe, alguien puede explicarme exactamente qué es esto? ¿Qué significa sentir que te falta el aire, que te falta un motivo para afrontar el día con ganas cuando no tienes a tu lado a alguien, cuando no la ves? ¿Qué son estos deseos locos de salir a buscarte e ir a tu encuentro, sin importarme que tan lejos vaya, hasta el mismísimo infierno si quieres, con tal de abrazarte, besarte, hacerte mía y que seamos felices por siempre? ¿Qué significan estos sueños de querer compartir mi vida contigo hasta el último aliento de mi existir? No me animo a darme una respuesta. Dicen que la experiencia es la mejor maestra y quizá esté aprendiendo, en parte gracias a ti. Por eso no me atrevo a decir (o reconocer) abiertamente lo que siento por ti. Aunque de eso ya estoy totalmente seguro, tan seguro como cuando estoy contigo. Y también porque ya no quiera arriesgar (como dices tú), porque ya no quiero que la historia termine como siempre y porque creo que esta vez no podría soportar perderte a ti, la otra mitad de mi corazón y mi ser. En ese sentido somos tan idénticos, tan iguales. Son - como dices tú - "COSAS DEL ORINOCO", que ocurren y hay que aprender a convivir con ellas. He tomado una sabia decisión. Dejar que el tiempo, con sus vaticinios proféticos, hable y una nuestros destinos. Que sea él quien decida, aunque en lo más profundo de mi ser desee que nos pueda unir. Y esta también es mi manera de despejarme, de expresarme, refugiándome en una de las actividades que más me reconfortan y me apasionan: escribir. Y de paso (si es que lees este blog) sepas lo que me inspiras y lo que me haces sentir. Ojalá que estas palabras hayan calado hondo en tus sentimientos, hayan sido la llave que me abra tu corazón y me permita poder entrar. Estoy seguro que mis palabras te emocionarán.
*En entradas posteriores se enterarán de más detalles, más anécdotas divertidas y, por supuesto, aparecerán más personajes. Prepárense que pronto se viene la segunda parte
*Para no aludir a nadie, los verdaderos nombres de las personas nombradas en esta historia han sido cambiados
*Si es que alguno de los aludidos leyera esta entrada, les pido mil disculpas si fallé en el diágnostico psicológico de ellos mismos, son las pequeñas cosas que logré percibir en estos cuatro meses
martes, 1 de julio de 2008
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